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ENTRE NOSOTROS

Anticipo que no pretendo establecer, como se propuso para esta mesa mi, seguramente, limitada versión del “panorama actual de las letras oaxaqueñas”; porque toda visión termina por limitarse a su parcela y porque, igualmente, esta interpretación es independiente del objeto que juzga.
Tampoco mencionaré nombres, pero esto es sólo por sujetarme al tiempo que me asignan.
.....Sin embargo, valdrá puntualizar, casi perogrullezcamente, lo que muchos saben de antemano: en Oaxaca se está escribiendo parte de la mejor literatura del país, y de la peor que pueda imaginarse.
.....Sabemos que en Oaxaca hay una incesante y visible creación plástica, parte de ella en plena madurez y conviviendo en galerías con adefésicos epígonos dignos de la lectura de cualquier proctólogo. Digo lo anterior porque en la pintura como en las letras sucede lo mismo, con la diferencia de que siempre es más fácil ver de golpe la obra completa de quien pinta que leer un libro completo de quien escribe, aunque sea poco; igual que visitar la exposición del pintor X en cualquier espacio para ello, que zambullirse en un par de libros con la misma disposición preparada para el goce de explorador en una tierra inexplorada. La pintura campea, muchas veces, sin importar su calidad verdadera, antes se constata su palpabilidad en lo visible y potencialmente rentable con oportunidades para exportarse si pasa por esa aduana corrompida que es el mal gusto o el gusto folklorizante.
.....Para quien no esté privado de este sentido, la vista exige menos que la inteligencia y el esfuerzo añadido que implica la lectura de una obra literaria, que parece seguir un camino soterrado, sólo alcanzable para quien es capaz de sentarse a leer en el sitio de la verdadera complicidad que ofrece la literatura: no ésta mesa de comentarios ante el público; no los estantes repletos e intactos de la biblioteca; no cualquiera de los libros de esta feria que, derrotado por la espera de adopción seguirá dando tumbos de ciudad en ciudad hasta que llegue quien certifique con él la verdadera comunión, el íntimo conjuro del encuentro: la lectura en solitario de la página escrita.
Algunos de los que estamos en esta mesa nos conocimos leyéndonos en publicaciones que antes de vernos en persona edificaron prejuicios o admiraciones, propiciaron turbación o indiferencia, o configuraron mutuos entredevoramientos igual que entrañables afinidades electivas.
.....Resulta numerosas veces verificable lo que dice un amigo alejado de este gremio: “los escritores son, lo admitan o no, tremendamente vanidosos, pendencieros, arrogantes.”
.....Hago aquí una pausa, a propósito de la lectura personal, para declarar mi ignorancia sobre el destino razonado del ejercicio literario en Oaxaca. Y es que considero igualmente importantes para inscribirse en esta geografía a las revistas institucionales y a las otras, esas llamadas independientes; a los libros que se presentan en celebraciones bacanales y los que ven la luz ante el auditorio de un reducido y franco abecedario de amigos; los talleres y cofradías filiales donde conviven la transparencia lúcida con la osada diletancia; los autores oaxaqueños que peregrinan en otros mapas; los autores no oaxaqueños que, huéspedes de este pueblo, escriben por y para los que aquí hemos leído, leemos y seguiremos haciéndolo perpetuamente; los escritores extranjeros que hicieron de Oaxaca su exilio voluntario y aquí han dejado sus mejores páginas, su vital apuesta asomando en la puerta de una cárcel.
.....He dicho que en Oaxaca lo mismo se escribe la impecable literatura que la mediocridad empeñada en superarse a sí misma, el texto maduro que el balbucir de quien ignora la existencia de un Siglo de oro o la generación de los Contemporáneos; he escuchado una caricatura de mono gramático semanal cuyo circo desconoce la gramática, ante la lectura atenta de ese otro mediano que lo escucha, pese a todo. He atisbado, en más de uno, al hipócrita lector, el semejante, el hermano; también al desocupado lector que salta de la Calle Garay a la Avenida Juárez a las doce del día. He visto que conviven la razonable quejumbre de inquilinos peninsulares con vecinos del desierto de Atacama, amorosos exiliados de Mulhouse por el puro gusto de estar en estas tierras, neveros que devienen críticos de arte, serigrafistas que construyen poesía con la tenacidad de quien no ceja y arquitectos sin título con ambiciones poéticas, egresados de comunicación propensos al logrado epigrama, buenos y deplorables profanadores de cronistas de viaje, recicladores de su propia obra al por mayor en libros a destajo, escritores indígenas con transparencia que redime sus faltas de lenguaje, y otros que representan lo contrario; quienes consideran sus odas al mezcal comparables a las de un cónsul exiliado, licenciados en letras que saben que no saben, y a escritores que al parecer hoy no vinieron, ni vendrán, porque olvidaron todo ahora mismo que se pierden en el viaje de una página que tal vez nunca leeremos, mientras yo intento decirles que no sé que decir sobre las letras que se escriben de este lado del mundo: aquí, entre nosotros.~

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