Por Luis Manuel Amador . . Una fundación ejemplar Hace calor, tenía sed y me compré un refresco. Con excepción de las noches para el baile, soy de los que desoyen fácilmente la disciplina del ejercicio. Me reconforta haber adquirido una bebida que aliviará mi sed sin acentuar las gastritis ni propiciar algún tipo de diabetes, como ese espantoso refresco que sirve para lavar el excusado y circula por el mundo cual si fuera motor de la alegría o piedra angular de la familia. En eso del consumo no hay mayor empresa que vender lo inútil. De pronto me pregunto ante el envase: ¿Puede algo como una bebida de fruta natural embotellada ser un vínculo entre la sociedad y el arte? La respuesta a esta pregunta comenzó hace 23 años, con la lucha en una empresa refresquera: Pascual, donde, en medio de algunas complicaciones laborales, los trabajadores tuvieron la iniciativa solidaria de constituirse, finalmente, en 1991, en la Sociedad Cooperativa Trabajadores de Pascual, S. C. L. En este tránsito ...